Epigraph Vol. 27 Issue 3, Summer 2025

La conexión cerebro-corazón: buscando consenso para identificar y tratar la asistolia ictal

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Por Nancy Volkers, responsable de comunicaciones de ILAE

Traducido por Jaime Carrizosa


Volkers N, Carrizosa J. La conexión cerebro-corazón: buscando consenso para identificar y tratar la asistolia ictal. Epigraph 2025; 27(3): 32-35.


Las personas con epilepsia corren el riesgo de padecer hipertensión, fibrilación auricular e hiperlipidemia; también presentan un riesgo elevado de padecer enfermedades cardíacas. Las investigaciones sugieren que parte de este riesgo puede deberse a los efectos de las crisis epilépticas crónicas, mientras que las pruebas de esfuerzo y otros estudios sugieren que la epilepsia en sí misma puede conllevar riesgos de disfunción autonómica, incluida la irregularidad cronotrópica. Lea más sobre estas líneas de investigación.

La disfunción cardíaca también puede ocurrir durante y después de las crisis epilépticas. Algunas arritmias ictales, como la bradicardia y la asistolia, se asocian con crisis epilépticas focales y se cree que son en gran medida autolimitadas, mientras que las arritmias postictales son más probables después de crisis tónico-clónicas generalizadas y pueden conllevar un riesgo de muerte súbita inesperada en la epilepsia (SUDEP).

Un estudio prospectivo del año 2024, realizó un seguimiento de 249 adultos con epilepsia que registraron al menos una crisis epiléptica generalizada durante la monitorización por video-EEG en pacientes hospitalizados. Se observó que el 20 % de los pacientes experimentó al menos una arritmia asociada a las crisis, que podría conllevar al riesgo de SUDEP. Un estudio del año 2015 arrojó resultados similares: el 18 % de los pacientes con epilepsia experimentó una arritmia ictal.

Identificación y gestión

El primer caso publicado de asistolia ictal (cuando el corazón deja de latir durante más de 4 segundos durante una crisis epiléptica) ocurrió hace más de un siglo. Si bien las tasas de incidencia reportadas son generalmente inferiores al 1%, la identificación de la asistolia ictal requiere seguimiento. Es posible que algunos casos estén subidentificados; un pequeño estudio con dispositivos implantables de registro del ritmo cardiaco, identificó asistolia ictal en 3 de 20 (16%) personas con crisis focales refractarias durante un período de dos años.

Gashirai Mbizvo
Gashirai Mbizvo

El neurólogo e investigador Gashirai Mbizvo está trabajando con otros colegas de la Universidad de Liverpool con miras a cerrar la brecha entre la neurología y la cardiología, centrándose en la asistolia ictal.

La arritmia probablemente sea una manifestación de la crisis epiléptica, señaló Mbizvo. "El lóbulo temporal está junto a la red autónoma central, así que, por casualidad, [la crisis] la estimula y ralentiza el corazón", explicó. "Con la asistolia, se pierde la señal (salida) hacia el cerebro, lo que termina la crisis y permite la recuperación".

La terminación y la recuperación relativamente rápida pueden enmascarar por completo la crisis epiléptica y retrasar el diagnóstico de la epilepsia, especialmente sin una historia clínica y médica completas.

Mientras cursaba su doctorado en Edimburgo, Mbizvo atendió a pacientes «que presentaban síntomas compatibles con crisis epilépticas —síntomas en el lóbulo temporal, déjà vu— y luego se desmayaban», comentó. «Y parecían alternar entre cardiología y neurología».

“Los neurólogos se equivocaron”

A una mujer le recetaron medicación anticrisis epilépticay la derivaron a un cardiólogo, donde le implantaron un registrador de bucle. Durante una crisis, el dispositivor registró una asistolia de 13 segundos. «Los cardiólogos dijeron: 'Ah, los neurólogos se equivocaron. Esto nunca fue epilepsia'», recordó Mbizvo. «Y el cardiólogo le suspendió el medicamento anticrisis epiléptica, le dijo que podía volver a conducir y le colocó un marcapasos. Poco después, sufrió una crisis tónico-clónica generalizada secundaria».

El médico Richard Lenton tenía antecedentes de episodios de déjà vu sin pérdida de la consciencia, hasta finales de la década de 1990, cuando sufrió un episodio y perdió el conocimiento. En la unidad de cardiología de un hospital, sufrió varios episodios similares; su electrocardiograma mostró asistolia. A pesar del déjà vu y de tener antecedentes familiares de síntomas similares, fue dado de alta con el diagnóstico de síndrome vasovagal maligno.

Como médico familiarizado con ese diagnóstico, Lenton sabía que este (diagnóstico) no era preciso. Solicitó entonces, una monitorización simultánea de EEG y ECG, lo que condujo al diagnóstico de epilepsia con asistolia ictal.

“Terminé con un marcapasos e inicialmente (tomé) carbamazepina y luego lamotrigina, y he estado perfectamente bien desde entonces”, dijo.

En 2024, una joven del Reino Unido contactó a Mbizvo por correo electrónico. Se había sometido a dos años de pruebas e investigaciones debido a una pérdida de consciencia asociada a un déjà vu. Ella escribió: «He consultado tanto a cardiólogos como a neurólogos, y ninguno de los dos puede darme una respuesta definitiva sobre si tengo un problema cardíaco, epilepsia o ambos». Rebecca cuenta su historia en este artículo.

Se necesita colaboración y directrices

Casos como estos requieren comunicación y colaboración entre los especialistas, afirmó Mbizvo, y la falta de directrices complica aún más el diagnóstico y el tratamiento. La asistolia puede abordarse con un marcapasos o cardioneuroablación, además de los medicamentos anticrisis epilépticas y otras opciones de tratamiento para la epilepsia, pero aún no se sabe si se deben emplear estas opciones, ni cuándo.

“Actualmente, el tratamiento depende del cardiólogo y del neurólogo que atiende al paciente, de si hablan con el paciente y de dónde se encuentre”, dijo. “Cualquier opción de tratamiento es razonable, pero se necesita evidencia que respalde cuál es la más beneficiosa para los pacientes”.

Gregory Lip
Gregory Lip

Mbizvo, el cardiólogo Gregory Lip (Cátedra Price-Evans de Medicina Cardiovascular en la Universidad de Liverpool) y sus colegas han creado una plaza de doctorado conjunta, entre neurología y cardiología, dedicada a desarrollar pautas de tratamiento para la asistolia ictal, con el auspicio de la Asociación Británica de Neurología y la Sociedad Británica del Ritmo Cardíaco.

"Necesitamos una directriz conjunta", dijo Mbizvo. "Esta enfermedad no respeta los límites del cerebro y el corazón".

Para mejorar la colaboración y la comunicación en la Universidad de Liverpool, neurólogos y cardiólogos, y al menos un electrofisiólogo, se reúnen mensualmente en una conferencia multidisciplinaria. «Discutimos casos interesantes y debatimos los planes de investigación, las vías de manejo y las opciones de tratamiento», afirmó Lip. «Se ha vuelto muy popular, y la lista de casos es extensa».

Conversaciones con cardiólogos

Mbizvo afirmó que las reuniones son una experiencia de aprendizaje para todos los involucrados y están acortando los plazos de diagnóstico para personas con afecciones que se encuentran entre la neurología y la cardiología. "Hace poco vi a un paciente en la clínica y llevé su historia a la siguiente reunión", dijo Mbizvo. "En dos semanas le colocaron un electrocardiograma inalámbrico. Luego, en una o dos semanas, se confirmó una epilepsia con asistolia ictal. Es lo más rápido que ha sucedido".

Lip, Mbizvo y sus colegas también escribieron una publicación, que propone el término “síndrome de epilepsia-corazón” para reconocer las numerosas conexiones entre la epilepsia y la salud cardiovascular.

“Creo que necesitamos una definición amplia que trascienda las categorías estrictas”, dijo Mbizvo. “¿Pueden hablar los neurólogos y los cardiólogos? Porque si lo hacemos, crearemos una opotunidad para brindar una mejor atención a estos pacientes”.

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